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Paleontología Aplicada: Huellas III

Lo primero que deberíamos tener en cuenta cuando observamos una huella, es que lo más seguro es que no sea la impresión original. Cuando un animal pisa un sustrato también deforma las capas inferiores formando una sucesión de marcas de carga en sentido vertical cada vez más deformadas pero a la vez con mayor probabilidad de preservación, ya que no están directamente expuestas a la intemperie. Estas subimpresiones reciben también el nombre del ingles de undertracks.

También podemos tener el caso que un sedimento de diferente naturaleza rellene la impresión y lo que recuperemos sea un contramolde en relieve de la huella o de alguna de las undertrack. (Figura A)

Sustratos huellas dinosaurio

Por esta razón, es muy importante a la hora de trabajar con icnitas tener muy controlado el nivel, pues una variación en el sustrato conlleva variaciones en las mediciones.

Hago referencias cansinas al sustrato, pero es un factor determinante en el grado de preservación de la huella, de hecho para que se fosilice debe cumplir una serie de requisitos que resumiendo sería que el sustrato donde se pisa y el que lo cubre sean discontinuos en alguna de sus propiedades; ej: Fangos cubiertos rápidamente por cenizas volcánicas, barro seco tapado por barro húmedo, etc..

Intentaré poner algún ejemplo sobre la importancia de este aspecto. Imaginemos que actualmente estamos siguiendo el rastro de un animal, pongamos un zorro: Un sustrato ideal sería la nieve pues se compacta mucho y mantiene la forma perfecta de las huellas, y en el otro extremo podría ser un césped donde la hierba recupera su forma rápidamente y solo apreciamos “que está pisada”.

Como la nieve tiene esa mala costumbre de derretirse con el calor no es lo más recomendable para buscar huellas fósiles, así que nosotros buscaremos algo más fácil: Orillas de lagos, charcas, ciénagas, pantanos, ríos, playas…en definitiva, huellas en el barro.

Es muy importante que estos barros tuvieran cierta consistencia a la vez que plasticidad, pues de otra manera el efecto sería el mismo que al pisar por la playa: Sacas el pie y la huella parece como “tragarse a sí misma” y se deforma totalmente (y ya no digamos si sube la marea.)

Espero que quede aclarado la importancia del sustrato, y lo excepcional que es una correcta preservación y la suerte que tenemos en España de ver algo más que tenues marcas y depresiones que nos dicen que son huellas.

Muy bien, ya tenemos nuestra huella perfectamente delimitada, ¿y ahora que? Pues a buscar otra huella, por que una icnita aislada desgraciadamente nos aporta poca información útil. Necesitamos un rastro: Conjunto de más de 2 huellas producidas por un mismo animal en la misma dirección y sentido.

Podemos tomar medias de la longitud de la huella, la longitud de cada dígito desde su base, así como la anchura de ambos (todo esto desde los márgenes exteriores) y si nos sentimos inspirados (deberíamos) los ángulos que forman entre sí. (Figura B)

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Con el rastro, debemos identificar los pasos (distancias entre dos huellas consecutivas de pies distintos) y las zancadas (distancias entre dos huellas consecutivas del mismo pie) midiendo siempre desde posiciones equivalentes, ej: Desde el extremo del dígito III al extremo del dígito III de la siguiente, y no hasta el talón, por que estamos metiendo como error toda la longitud de la huella (mucha gente mide de esta forma involuntariamente, parece una tontería que hay que prestar atención). Por supuesto también sería conveniente medir la anchura de pista (distancia en perpendicular de la línea de zancada y la huella de paso) y los ángulos. (Figura C)

rastro huellas dinosaurio

Termino con estas medidas básicas que suelen tomarse de una huella y de un rastro, dejando para la siguiente entrega lo que podemos aprender de esos números.


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